Una taza de cobre me enseñó la felicidad

El pensamiento de hoy es presentado por Daniela Quintero.

Solía imaginarme con todo. Una lista completa de bienes y relaciones que llenarían mi corazón de felicidad.  « Voy a ser feliz cuando tenga esto », « No puedo descansar hasta tener aquello ».  ¿Cuántos no hemos estado en esas?  Y no solo hablo de lo material pues no era tan ingenua para pensar que eso que podía tocar era lo que me iba a cambiar.

Con el tiempo logré alcanzar muchas de esas metas (no todas), pero aún así quería más para realmente sentirme bien conmigo misma.  Hoy que lo pienso, me doy lástima porque no me percataba que la clave a esa ilusión por la vida vivida estaba justo frente a mí: El amor que recibía y el amor que eso me permitía compartir.

Si tú no sientes una satisfacción inhumana (o muy humana) al ser amado y amar deja de leer.  Si pones tu gozo en otro lado, todo esto te parecerá cursi, así que ahórrate la leída.  Pero si se te mueve algo en el alma con estas palabras, quiero que sepas que allí está la felicidad.

La felicidad está guardada en momentos de luz. Desde un día completo junto a las personas que amas hasta el instante en el que la luz del sol pega exactamente sobre un vaso de cobre que refleja un patrón por sus concavidades sobre todo tu escritorio. Está en la naturaleza de todo lo creado y cuando tu personaje favorito del libro, como por milagro, se salva de un presagio indiscutible.  Está en la música y en el silencio que se produce en tu alma en paz.

Solo un ojo perspicaz podría notar la felicidad en rumbos oscuros. Encuentra esos espacios en tu vida y aprende a disfrutarlos, no vaya a ser que de te escapen pensando en el futuro.